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Un fallo lo tiene cualquiera

¥ Viernes, 28 de Noviembre de 2008

Que resulta que votaron para prohibir fumar, pero lo regularon mal, y ahora les tocaba volver a votar, jaté tú
El último día en la Suisse nos dio por ir a visitar el Museo Olímpico, como ya os comenté el otro día. Luego nos fuimos por la orilla del lago, donde se nota la afición por la cartelería que tienen en el país. Tan aficionados andan con esto de los referéndumes (que si el plurar de álbum, es álbumes, el de referéndum digo yo que será referéndumes ¿no?) que cada dos por tres te encuentras con carteles de “Sí a la prohibición de tal” o “No a la regulación de cual”. A lo largo del paseo lagítimo (de mar, marítimo, de lago, lagítimo), te conoces un poco la historia de que lo rodea.

Entre otras cosas, te informan que el jardín del hotel Beau Rivage se convirtió en un bonito cementerio de animales. Para quienes siguen las enseñanzas del Mazinger Z ese es un dato que carece de importancia, por aquello de que no creen en la inmortalidad del alma de los pobretes animaluchos, pero para una semidiosa oriental sí que le da yuyu. De hecho, durante el cóctel de la boda, noté presencias externas y me dio por mirar por los grandes ventanales. La pena es que las presencias eran de los que estaban cenando en el restaurante-pasillo que rodeaba el salón donde estábamos.

Jo, con lo bonito que hubiera sido ver tras el cristal el fantasma de Popette y de Moulon retozando en la yerba, tiatiatia.

En fin, es que ahí tienen fallos para todos los gustos. Como poner un stand de turrón de Alicante, y meter algún que otro turrón italiano (en la foto no se ve el italiano, pero haberlo, haylo).
Turrón de Alicante, tal cual, sin traducir ni nada, que fort me pareix.

O poner una falla horrorosa en mitad de la ciudad (dejo a Sota y Otto que se peleen por la fecha que pone).

O alguna decoración hotelera de 5 estrellas.

Y, clarostá, al final, todo se pega, Amparo.

Epuisé

¥ Lunes, 24 de Noviembre de 2008

Pues sí, candado perdido que ando hoy. Así que, como tantos otros días, he pasado de ir a currar y me he quedado en casita tranquilamente para que mi mucamo masajista me ponga de nuevo a punto a lo largo de la mañana.

El fin de semana ha estado genial. Suiza mola, con su nieve, sus montañas, su lago, sus trolebuses y su estación de trenes.

El viernes ya pudimos disfrutar del buen hacer de nuestra anfitriona María Casta, que nos llevó a tomar una fondue y comenzamos a conocer a la gente (genial, en líneas generales) que veriamos a menudo a lo largo del finde.

El sábado visitamos el centro de Losán, con sus tiendas, sus boy-scouts.

Sus churros, su Zara, sus turrones de alicante y su lomo Navidul. Y su Catedral.

Vamos, lo que es pisar la calle en general, sin helicóptero ni nada.

Mientras el resto compraba chocolate para regalar, yo adquiría unos bonitos rólex, clarostá, que es mucho más de recuerdo suizo, ande va a parar. Ya por la tarde comenzó el evento, que fue de esos eventos que sabes que vives una vez y never more. Las bodas suelen ser calcamonías las unas de las otras y puedes perfectamente intercambiar las piezas sin darte ni cuenta. Pero en esta no. Hasta la nieve la tenían lista para que comenzara a caer poco antes de terminar la ceremonia, jaté tú.

Ayer fuimos al Musée Olimpique, a ver si tenían una placa conmemorativa de la visita de Nina, pero no, jopetas. Así que nos dimos media vuelta.

El resto fue un día de achuchones de despedida. Ya en el aeropuerto, vimos a Su, que hacía molt que no la avions vu y ya iba siendo hora, jopetas.

Y nada, que me ha encantado el fin de semana y que volveremos, que estoy deseando volver a Suiza a hablar francés, que allí todo pega con la Marsellesa, sisisi, de la patrie. Y ahora mismo mando a mi mucamo revistero a que vaya a por el Hola que dicen que han sacado número especial por la boda, tiatiatia.

A la Suisse (dis puá, ten poins)

¥ Viernes, 21 de Noviembre de 2008

Una bonita escena en Suiza que algunos mucamos acostumbran a hacer pero que yo no pienso

Europa ya no es Europa desde que Suiza no es capaz de comerse un torrao en Eurovisión, la verdad. El país anda de capa caída, con la extrema derecha campando a sus anchas entre vaques y estables, con los relojes japoneses quitándoles sitio en las estanterías desde hace décadas, y con el chocolate belga robándoles espacio en nuestras neveras.

Si ya la mudanza de Casta a la Confederación Helvética ha supuesto un revulsivo, el anuncio de que voy para allá ha causado la euforia nacional. Me han contado que casi hacen día de fiesta nacional. La bolsa de Zurich ha abierto al alza y todo, ya ves tú. Hasta se han buscado una excusa medioambiental para adornar los edificios ante mi llegada.

Qué placer da esto de que una siga saliendo con sus millones a cualquier sitio y los bancos se piensen que voy a dejarles la pasta.

No sé si me abriré alguna cuenta bancaria más, la verdad, pero igual sí que me subo con un par de mucamos al Top of Europe a imitar a los gansos estos, pero bien hecho, jurjur.