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Envidia cochina

¥ Miércoles, 26 de Noviembre de 2008

Recurso publicitario como cualquier otro para desviar la atención de lo importante, el casamiento de Casta
No han sido pocos los intentos de que se han sucedido durante estos últimos días para tratar de minimizar el impacto que la boda la Casta ha tenido en la sociedad mundial (léase, sociedad global si eres un poco anglosajona).

Primero, tenemos el ejemplo de México, donde han sido un poco cutres y se sacaron de la manga la copa de margarita más grande del mundo, de casi 200 litros. Lo cierto es que entre la sarta de récords absurdos que últimamente encadenan los de Villarriba y los de Villabajo, una gilipollez de ese calibre sólo consigue repercusión en algún medio de comunicación falto de noticias. Bueno, y en este blog, que ya le da algo de glamour al asunto, ejem.

No obstante, los que han echado el resto para ver si conseguían rascar algo más de repercusión han sido los del Hotel Atlantis Jumeirah en Dubai, que se han gastado más de 23,5 milllones de euros en la fiesta de inauguración. Y eso que yo no fui al final, que si no, hubieran superado los 24 millones. Además de contar con la presencia de Michael Jordan, Robert DeNiro o Charlize Theron, se gastaron otro pastón en juegos de luces y multiplicaron por siete la cantidad de fuegos artificiales que tiraron mis paisanos los chinos en la apertura de los Juegos Olímpicos.

Para que después me vayáis criticando por ahí con que soy una excesiva.

Os dejo con estas chicas, que igual podían estar muriéndose de la envidia al enterarse de que Casta finalmente no las había invitado a la boda. Pero no, estaban viendo el final de American Idol…

¿Estará entre ellas la futura Sarah Pallin?

Crisis

¥ Martes, 30 de Septiembre de 2008

Con esa sonrisa, es que yo también me haría materialista histórico o lo que haga farrrta

Ahora que estamos oficialmente en crisis, nos encontramos día sí y día también hablando de los planes de rescate de empresas bancarias, hipotecarias, inmobiliarias, intermediarias y alguna que otra aseguradaria (con algún imprudente enseñando el plan antes de tiempo, incluso). En palabras de mi equipo de mucamos marxistas (en la foto de arriba), toda una demostración de cómo el capitalismo del siglo XXI se ha quitado los complejos proletarios que la arrastraban cuando teniamos a los soviets al acecho. Ahora, los megarricos (y las megarricas) os sacan los cuartos cuando la cosa va bien y, cuando hay crisis, pues también.

Y es que la crisis se veía venir. Los humanos (y las humanas) es lo que tenéis: un intelecto limitado. Así, una temporada sacan ropa estupenda y original. A la siguiente, ves algún atisbo de genialidad. A la otra, que se te ha agotado el pozo de las ideas, vas y dices que los 50 han vuelto y sacas la misma ropa que hace décadas. Después, que si los 60. Más tarde, los 70, los 80, los 90… Y, clarostá, cuando vuelve a tocar decir que vuelven los 50, como que ya no cuela. Que las pobras sois tontas, pero no tanto. Pasáis de comprar ropa nueva de los 50, sino que sacáis la del armario, la producción de nueva ropa de moda de los 50 se queda sin vender, no hay ingresos en las empresas, no hay dinero para contratar buenas diseñadoras con buenas ideas, así que, a la siguiente temporada, os la intentan meter de nuevo con que vuelven los 60 y más crisis todavía.

Menos mal que los designios de Dior son inexcrutables y que, entre tanta noticia crítica (crítica, de crisis, no de criticona), nos aparece el gobierno mexicano con ideas estupendas tipo el concurso de “díganos el trámite administrativo más inútil y le damos 300.000 pesos“. Aunque igual no es tan buena noticia, que fijo que al funcionario encargado del trámite, le presentan la carta de despido en día y medio, y un sueldo menos para comprar ropa de los 50.

Además, el señor que ahora preside el Consejo General del Poder Judicial, después de ir a misa con el amigo de los niños Rouco Varela, nos ha dicho que el índice de criminalidad ha subido un 3%. Vamos, por debajo de la inflación internanual, lo que siempre supone una buena noticia ¿no?

Ay, qué dura es la vida de la oriental posmoderna.