Alcohol
¥ Lunes, 29 de Septiembre de 2008
Este fin de semana, pretendidamente tranquilo, se ha visto la mar de alterat por aquello de que parte de la familia Wang Kenobi se decidió a hacernos una visita. Así que el sábado tuvimos sesión en el gallego, extendida después en la Pensión Corredera, donde pudimos disfrutar de conciertos a manos del singstar, de tartazos en el Buzz, mamporros con los conejos y algún que otro despeñamiento con el Mario Kart.
Después, a dormir y a pasar un domingo la mar de tranquilo, dejando a mis mucamos que me buscasen cosas por el youtube. Y así llegaron a encontrarme cosas tan poco estimulantes, como el facial flex, una cosa que vete tú a saber realmente para lo que es, pero que alguien ha doblado para que parezca un agrandador de bocas para que te quepan mejor ciertas partes del cuerpo.
También tiene tela la última moda en jueguecitos alcohólicos en los EE.UU. Tras haber superado la etapa de “verdad o atrevimiento”, más allá del “nos metemos en el jacuzzi juntos y en pelotas”, ahora llega el “gay chicken”. Esto viene a ser que, con aquello de la borrachera, uno dice que se le acaba de ocurrir un juego divertidísimo: dos supermachotes heteruzos deben ir juntando sus bocas como para darse un morreo. Eso sí, como son supermachotes heteruzos les asalta la terrible duda sobre qué primar. Puedes retirarte antes de tiempo, para que nadie dude de lo machirulo que eres (bueno, un poco sí que dudaremos todos):
Los hay que prefieren demostrar que son unos machotes y que no hay desafía que les dé miedo:
En fin, con gente tan predispuesta, se me está ocurriendo algo entre el facial flex y el gay chicken, que de los usidenses (y de las usidensas, clarostá)



